La reducción de las denuncias por 3xt0rs10n no necesariamente implica que este d3l1t0 haya disminuido. Las cifras disponibles muestran solo los casos que llegan a conocimiento de las autoridades, por lo que deben interpretarse con cautela antes de asumir que una caída en los registros representa una mejora en la situación.
En una entrevista con El Comercio, Nicolás Zevallos, fundador del Instituto de Criminología, explicó que existe una diferencia entre ser víctima de 3xt0rs10n y denunciar el hecho. Al contrastar los registros de la Policía con la información del INEI, una posible interpretación es que algunas víctimas están dejando de acudir a las autoridades porque no confían en que la denuncia produzca un resultado favorable.
Esta situación puede tener efectos particulares entre empresarios y emprendedores. Según Zevallos, algunos podrían estar optando por pagar las 3xt0rs10n3s e incorporar estos pagos a sus costos de operación. De esta manera, el d3l1t0 deja de ingresar a los registros oficiales y se vuelve más difícil de identificar y dimensionar. Al mismo tiempo, la falta de denuncia limita la capacidad del sistema de seguridad para conocer los casos y actuar frente a ellos.
El problema de la medición también se observa en otros indicadores de seguridad ciudadana. En el caso de los h0m1c1d10s, actualmente existen distintas fuentes oficiales que presentan resultados diferentes. Mientras el Comité Estadístico Interinstitucional de la Criminalidad reportó una tasa de 10,7 h0m1c1d10s por cada 100.000 habitantes, los registros de la Policía alcanzan los 16,7 por cada 100.000 y el Sinadef presenta una cifra menor.
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Estas diferencias muestran la importancia de contar con criterios claros y consistentes para analizar la evolución de la cr1m1nal1dad. Zevallos señala que los h0m1c1d10s no deberían evaluarse únicamente a partir de variaciones mensuales, sino mediante tendencias observadas durante periodos más amplios. También considera necesario que el Estado comunique de manera formal qué metodología utilizará para medir este fenómeno.
En el caso de la 3xt0rs10n, el desafío es aún mayor. Las denuncias, por sí solas, no permiten conocer cuántas personas o empresas han sido realmente víctimas. Por ello, una medición específica de la victimización podría ofrecer una aproximación más completa. Las encuestas realizadas únicamente en hogares también podrían dejar fuera parte del fenómeno si una proporción importante de las 3xt0rs10n3s se concentra en empresas, aunque esta posibilidad se mantiene como una hipótesis que requiere mayor evidencia.
Contar con mejores datos no resuelve por sí mismo el problema de la 3xt0rs10n, pero permite comprenderlo con mayor precisión. Diferenciar entre la reducción de las denuncias y la reducción efectiva del d3l1t0 es un punto necesario para evaluar su evolución y orientar las respuestas del sistema de seguridad.
Si las denuncias no reflejan por sí solas la magnitud de la 3xt0rs10n, ¿qué mecanismos de medición necesita el país para conocer su verdadera dimensión y orientar mejor las respuestas frente a este d3l1t0?
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