Elaborado por Piero Balbuena, estudiante de Ciencia Política en la UNMSM y pasante en el Instituto de Criminología.
Día a día, miles de peruanos emprendedores toman decisiones que no aparecen en ninguna estadística tributaria o de formalidad empresarial: si aceptar pagar el “cupo” que les exige un 3xt0rsi0n4d0r, si abrir su negocio después de un mensaje 3xt0rs1v0 o si aumentar sus precios después de pagar el cupo que les vienen cobrando. Estas decisiones son, en la realidad, la política de seguridad que el país tiene actualmente para su sector emprendedor, directrices que no han sido diseñadas por el Estado.
La preocupación de cualquier emprendedor en el Perú debería recaer en poder pagar a sus proveedores los insumos necesarios o de cumplirle económicamente a sus trabajadores a fin de mes. Como menciona Nicolás Zevallos, director del Instituto de Criminología, en su reciente columna para El Comercio, los emprendedores necesitan sentirse seguros de pagar el préstamo del banco en vez de someterse a un 3xt0rsi0n4d0r. Aquella sensación de seguridad radica en saber que no 4s3s1n4r4n a los pasajeros o trabajadores de su empresa de transportes, o en confiar que no deben blindar sus bodegas para poder atender.
Lea también: [El Comercio] Mensaje para sentirnos seguros
Ninguna de estas sensaciones y certezas dependen de una ley de facilitación empresarial o de incentivos para que puedan formalizarse, dependen de que el Estado logre desarticular organizaciones cr1m1nal3s que hoy operan con más previsibilidad que nuestras instituciones públicas. Aquellas organizaciones, de facto, cobran, amenazan y castigan el incumplimiento con más consistencia que cualquier trámite o multa del sector. Mientras esta asimetría exista, ningún incentivo tributario ni programa de formalización va a compensar el costo de sentirse desprotegido.
El discurso de Keiko Fujimori tiene, frente a este sector y problema público, una prueba que abordar de manera estratégica y particularmente exigente. No hay solo que mencionar a los emprendedores como beneficiarios de políticas económicas, hace falta reconocer a la 3xt0rs10n hoy como el principal impuesto no formal que afronta gran parte del emprendimiento peruano, y comprometer una respuesta específica —canales de denuncia efectivos, blindaje a transportistas, inteligencia financiera contra el cobro de cupos— antes que propuestas cortas de apoyo al comerciante o pequeña empresa, entendiendo la mirada desde donde atacar el problema público.
Cuando los emprendedores puedan decidir libremente cuándo abrir su negocio, poner en circulación sus unidades de transporte o el destino de su préstamo bancario en función de su estrategia comercial y no del temor de una amenaza, sabremos que el retorno del orden que ha mencionado el gobierno entrante ha llegado, así como también la estabilidad económica que sostiene millones de familias peruanas.
Descubre más desde CriminologiaPe
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.

