La seguridad ciudadana es hoy una de las principales preocupaciones en el Perú. En los últimos años, la violencia ha aumentado y muchas personas sienten que el Estado no está respondiendo con la rapidez necesaria. En este contexto, resulta importante analizar qué está ocurriendo y cuáles deberían ser las prioridades inmediatas.
Al abordar la situación actual de los homicidios en el país, hemos visto que en los últimos meses ha existido confusión debido a que distintas fuentes han presentado cifras diferentes. Sin embargo, sostengo que la tendencia general me permite afirmar un diagnóstico central: el Perú atraviesa una situación crítica de violencia homicida.
Existe un umbral utilizado como referencia internacional: alrededor de 10 homicidios por cada 100 mil habitantes, según la OMS. Las fuentes disponibles colocan al país por encima de ese nivel, lo que nos ayuda a dimensionar la gravedad del fenómeno.
Además, este problema no es reciente. Por el contrario, la tendencia viene desarrollándose desde 2021 y muestra un crecimiento sostenido en los últimos años. Esto nos obliga a pensar en respuestas estructurales y no solo en medidas temporales o reacciones inmediatas.
En este escenario, son claras las prioridades. El sicariato aparece como uno de los problemas centrales que debe ser atendido con urgencia, dado su vínculo directo con el aumento de homicidios. Junto a ello, otro factor fundamental: la extorsión, que hoy se relaciona estrechamente con la violencia letal y afecta tanto a ciudadanos como a actividades económicas.
La presentación de un plan de seguridad ciudadana ha sido postergada en varias oportunidades. En un gobierno de transición, se necesita una respuesta más concreta y operativa. Necesitamos un plan político con pocas medidas puntuales, centrado en prioridades inmediatas como sicariato, extorsión y la seguridad del proceso electoral.
En mi opinión, existe el riesgo de elaborar un documento excesivamente técnico cuando lo urgente es responder de manera ágil a la demanda ciudadana. En otras palabras, el país necesita medidas claras, ejecutables y con impacto en el corto plazo.
El país necesita prioridades definidas, respuestas ágiles y coordinación institucional, especialmente en un contexto electoral que requiere seguridad y estabilidad democrática.

