Cuando se habla de homicidio, la opinión pública suele centrarse en el castigo del delito o el endurecimiento de penas. Sin embargo, existe una variable menos discutida que también podría incidir en el desenlace de algunos casos: el sistema de salud.
El estudio “Homicidio y sistema de salud. Variables y consideraciones para la reducción de ‘lesiones graves seguidas de muerte’ en Perú” elaborado por Jaris Mujica, Christian Campos y Nicolás Zevallos, plantea una pregunta clave: ¿cuántos homicidios podrían haberse evitado si la víctima hubiera recibido atención médica oportuna?
El análisis, que se concentra en Lima Metropolitana y el Callao entre 2011 y 2021, registró que la tasa nacional de homicidios dolosos aumentó de 5,4% a 8,6% y que el 31% de los homicidios cometidos en 2019 fue clasificado como “lesiones seguidas de muerte” o “robos con subsecuente muerte”.
Esta categoría sugiere que el deceso no fue necesariamente instantáneo. Es decir, entre la agresión y el fallecimiento pudo existir un intervalo temporal.
En la literatura internacional se ha desarrollado el concepto de la Golden Hour (hora de oro): los primeros 60 minutos posteriores a una lesión grave son determinantes para evitar el fallecimiento. Si durante ese lapso existe intervención médica eficaz, la probabilidad de supervivencia puede aumentar significativamente.
Desde esta perspectiva, la letalidad no depende únicamente de la intención del agresor o del tipo de arma utilizada. También puede estar asociada a factores como el tiempo de respuesta médica, la disponibilidad de ambulancias, la capacitación del personal paramédico, la infraestructura hospitalaria o la eficiencia del sistema de recepción de llamadas de emergencia.
En Perú, sin embargo, no se registra de manera sistemática el tiempo transcurrido entre la lesión y la muerte en casos de homicidio. Esta ausencia de información limita la posibilidad de estimar cuántos casos pudieron haber sido potencialmente intervenibles dentro de esa ventana crítica.
De igual forma, este estudio también examina elementos de contexto asociados a la letalidad:
- Cerca del 50% de los homicidios en Lima y Callao se cometen con instrumentos distintos a armas de fuego.
- Entre el 50% y el 60% de los casos ocurren en espacios públicos.
- El 35% de los hechos sucede entre las 15:00 y las 23:59 horas.
Estos factores no prueban que exista intervención posible en todas las situaciones. Sin embargo, sí sugieren que podría existir un subconjunto de eventos donde la atención sanitaria oportuna influya en el desenlace.
La hipótesis no pretende sustituir las estrategias tradicionales de prevención del delito, como el control de armas o el fortalecimiento de la investigación criminal. Más bien, propone complementarlas. La reducción de homicidios no solo puede abordarse desde la prevención del ataque, sino también desde la reducción de la letalidad del daño causado.
Los expertos consultados coinciden en que fortalecer la cadena de atención de emergencias —mejorando tiempos de respuesta, equipamiento, transporte, capacitación y disponibilidad hospitalaria— podría incidir positivamente en ciertos casos de lesiones graves. Además, incluso si el impacto directo en las estadísticas de homicidio fuese menor al estimado, la inversión en emergencias médicas tendría beneficios amplios en la salud pública.
El debate sobre seguridad suele enfocarse en el antes del delito. Este estudio invita a mirar también el después inmediato. Entre la agresión y la muerte puede existir una ventana crítica que merece mayor investigación y mejores datos.
Estudiarla con precisión, registrar información desagregada y fortalecer la capacidad de respuesta no es solo una decisión sanitaria. Es también una decisión de política criminal basada en evidencia.

