En febrero participamos en una mesa técnica sobre experiencias locales contra la extorsión, en el marco del Foro sobre Seguridad y Democracia celebrado en Guatemala. Si bien discutimos temas necesarios sobre el fortalecimiento institucional y el desarrollo de capacidades técnicas de las fuerzas de seguridad, hubo un eje que llamó mi atención: las estrategias de trabajo con la comunidad.
Tradicionalmente, en el análisis del crimen organizado, la comunidad suele ser vista meramente como el sujeto pasivo o la víctima. Pero las discusiones en el foro plantearon que cuando el control estatal es ineficaz debido a brechas de cobertura o falta de recursos, la comunidad puede ser un actor capaz de cerrar esa brecha y aumentar el riesgo para los criminales. Aquí algunas líneas estratégicas más relevantes discutidas en la mesa:
- De la denuncia a la Inteligencia Humana (HUMINT). Una de las líneas más potentes es el trabajo de inteligencia. Las fuerzas de seguridad, carecen de la granularidad necesaria para operar. La estrategia aquí no es solo «vigilar», sino capacitar a la comunidad para generar información de calidad que permita distinguir, por ejemplo, entre estructuras criminales complejas y simples «imitadores» locales que aprovechan la fama de las bandas criminales para extorsionar. La comunidad sabe quién es quién; el reto ha sido crear los canales para que esa información (HUMINT) fluya de manera segura -y protegiendo a la comunidad- hacia quienes toman decisiones tácticas.
- Entrenamiento para el reporte cualificado: Otra estrategia discutida fue la mejora de la información en la denuncia. No basta con fomentar el reporte; es necesario entrenar a los líderes comunitarios y vecinos sobre *cómo* reportar. En lugar de llamadas de auxilio genéricas, se busca que la comunidad pueda proveer datos accionables (horarios, descripciones, modus operandi). Esto convierte la denuncia en un insumo técnico que permite a la policía y fiscalía construir casos sólidos, superando la simple reacción ante el evento consumado.
- Mapas de victimización y reducción de la cifra negra. Se hizo mucho énfasis en la distinción entre denuncia y victimización. Sabemos que la «cifra negra» (delitos no reportados) en extorsión es altísima. Las estrategias modernas de trabajo comunitario buscan levantar datos cualitativos para entender patrones y tipologías delictivas que las estadísticas oficiales no captan. Al trabajar directamente con la base de la pirámide social, se pueden identificar las racionalidades económicas de los grupos criminales y los flujos de dinero, permitiendo a las autoridades entender la lógica del mercado ilícito local más allá del simple conteo de incidentes.
- Superación de la desconfianza como barrera operativa. Finalmente, se abordó la gestión de la desconfianza institucional. Para que la comunidad funcione como un sistema de alerta temprana y control, se deben establecer mecanismos que blinden la identidad del denunciante, como sistemas de denuncia anónima y protocolos de seguridad. Esto es indispensable. La colaboración solo es posible si se garantiza que la información compartida no se fugará debido a la corrupción o permeabilidad de las instituciones locales.
La lección central de este encuentro es que el control del territorio no se logra solo con más policías, sino con una ciudadanía integrada en la estrategia de seguridad como un nodo de inteligencia y prevención situacional.
Ante este panorama, ¿Qué otras herramientas o mecanismos de participación ciudadana creen que se podrían implementar para fortalecer la «vigilancia eficaz» a nivel local sin poner en riesgo a los vecinos?

