¿Ya sabíamos que esta bala lleva tu nombre?

A propósito de «Esta bala lleva tu nombre. Del hurto a la extorsión en Trujillo, 1993-2014», de Jorge Nureña (2026)

El libro de Jorge Nureña, Esta bala lleva tu nombre, propone una reconstrucción sobre cómo Trujillo pasó, en apenas dos décadas, de las pandillas de esquina a un modelo de extorsión que hoy paraliza comercios, transportistas y colegios en buena parte del país. Es un libro necesario. También es, aunque no se lo proponga, una advertencia que ya hicimos en 2018 y a la que no le prestamos atención: como señala Stefano Corso, editor de esta segunda edición, en su nota editorial, la primera edición del libro no tuvo la difusión que merecía y pasó casi inadvertida fuera de círculos especializados. Ocho años después, discutimos la extorsión como si fuera un fenómeno inédito.

Pero hay algo más incómodo que esa desatención puntual. Al analizar el libro bajo la lente de la teoría criminológica, resulta revelador cómo los hallazgos empíricos de Nureña en Trujillo se alinean con principios criminológicos establecidos hace más de un siglo. No se trata de una sola escuela ni de un solo autor: es una acumulación de casi cien años de investigación, en distintos países, que llega una y otra vez a los mismos hallazgos. El dato simbólico conviene tenerlo presente: la primera tesis doctoral que sistematizó científicamente el paso de pandilla juvenil a crimen organizado se completó en Estados Unidos en 1926. Estamos, casi al año, en su centenario.

Una ciudad que creció sin integrar

Nureña sitúa el origen del problema en la migración masiva hacia Trujillo entre los años ochenta y noventa, y en la brecha que se consolidó entre los distritos centrales —Trujillo, Víctor Larco— y los periféricos —El Porvenir, La Esperanza, Florencia de Mora—, sistemáticamente rezagados en servicios, educación y oportunidades. Las observaciones de Nureña sobre el crecimiento de Trujillo resuenan notablemente con el modelo que Robert Park y Ernest Burgess propusieron en The City (1925): la ciudad como mosaico de zonas concéntricas, donde el delito se concentra allí donde el crecimiento urbano supera la capacidad de integrar a sus nuevos habitantes. Un año después, en 1926, Frederic Thrasher completó su tesis doctoral The Gang: A Study of 1,313 Gangs in Chicago, donde mostró que las pandillas juveniles no son un accidente ni una patología individual, sino un producto directo de las «zonas intersticiales» de la ciudad —las áreas de desorganización social entre el centro comercial y los barrios residenciales estables—. Clifford Shaw y Henry McKay llevaron esa intuición al terreno empírico en Juvenile Delinquency and Urban Areas (1942): mapearon durante varias décadas las direcciones de residencia de miles de menores infractores en Chicago y encontraron que la delincuencia permanecía anclada en las mismas zonas de la ciudad, año tras año, aunque la población que las habitaba cambiara por completo —primero alemanes e irlandeses, luego italianos y polacos, después afroamericanos—. La conclusión, incómoda entonces y ahora, es que no es la gente la que trae el delito consigo: es el lugar, con sus condiciones estructurales de pobreza, hacinamiento y movilidad residencial, el que lo produce con independencia de quién lo habite.

A esa geografía se suma la dimensión de la desigualdad de oportunidades. Robert Merton, en «Social Structure and Anomie» (1938), planteó que la desviación surge de la distancia entre las metas de éxito que una sociedad promueve para todos y los medios legítimos que en la práctica están disponibles solo para algunos. Robert Agnew actualizaría esa idea en «Foundation for a General Strain Theory of Crime and Delinquency» (1992), mostrando que no hace falta una gran meta bloqueada: basta con la acumulación de tensiones cotidianas —fracaso escolar, desempleo, pérdida de vínculos— para empujar hacia la desviación. Los «jóvenes sin futuro» que describe Nureña son, en estos términos, el resultado esperable de esa combinación.

El penal como escuela del delito

Uno de los hallazgos más contundentes del libro es el papel del penal El Milagro, que —lejos de rehabilitar— organizó y expandió la extorsión desde sus propias celdas. Edwin Sutherland ya había formulado, en la tercera edición de Principles of Criminology (1939), la teoría de la asociación diferencial: el delito no se hereda ni se improvisa, se aprende en la interacción cercana con otros, junto con las técnicas y las justificaciones que lo hacen posible. Un año más tarde, Donald Clemmer acuñó en The Prison Community (1940) el término «prisonización», para describir cómo el interno absorbe con el tiempo la cultura y las normas de la cárcel. Una institución diseñada para corregir termina, en la práctica, funcionando como la escuela más eficiente del delito —el argumento de Nureña sobre El Milagro, formulado ochenta años antes.

La pandilla como identidad, la cárcel como oportunidad

El capítulo que Nureña titula «La sociedad de la esquina» dialoga directamente con Street Corner Society (1943), de William F. Whyte, documentando fenómenos de pertenencia similares en contextos de exclusión. Albert Cohen, en Delinquent Boys: The Culture of the Gang (1955), explicó ese fenómeno como una respuesta colectiva a la frustración de estatus, Gresham Sykes y David Matza, en «Techniques of Neutralization» (1957), añadieron la pieza psicológica de ese tránsito: antes de delinquir, el joven despliega un repertorio de justificaciones —negar el daño, negar a la víctima, condenar a quienes condenan, apelar a lealtades superiores— que le permiten distanciarse moralmente del acto sin necesidad de rechazar por completo las normas convencionales. Son, casi palabra por palabra, las mismas frases que aparecen en cualquier testimonio de pandillero recogido en el trabajo de campo de Nureña. Richard Cloward y Lloyd Ohlin añadieron, en Delinquency and Opportunity (1960), una pieza clave: no basta con que las oportunidades legítimas estén bloqueadas, hace falta además que existan oportunidades ilegítimas accesibles —exactamente lo que el barrio desatendido y el penal desbordado le ofrecieron a Trujillo. Travis Hirschi, en Causes of Delinquency (1969), invirtió la pregunta clásica: no hay que explicar por qué alguien delinque, sino por qué la mayoría no lo hace, y encontró la respuesta en los vínculos con la familia, la escuela y la comunidad. El desarraigo migratorio que atraviesa todo el libro de Nureña es, leído así, una ruptura sistemática de esos vínculos.

De la pandilla al negocio: «sangre y cupos»

El tránsito que documenta Nureña —de pandillas territoriales a bandas que cobran «cupos» como un modelo de negocio— tiene también su genealogía. Thomas Schelling planteó ya en 1971, en «What Is the Business of Organized Crime?», que quien controla el uso de la violencia en un territorio termina cobrando por «protección»: no es un giro caprichoso, sino la lógica económica de cualquier monopolio de la fuerza que opera al margen del Estado. Lawrence Cohen y Marcus Felson, en su teoría de las actividades rutinarias («Social Change and Crime Rate Trends», 1979), explicaron el delito como la coincidencia de un ofensor motivado, un blanco idóneo y la ausencia de un guardián capaz de impedirlo —el colapso policial y penitenciario que Nureña documenta es, en estos términos, exactamente esa ausencia de guardián, pero a escala de ciudad entera. Derek Cornish y Ronald Clarke, en The Reasoning Criminal (1986), situaron ese tránsito en la lógica de la elección racional: el delincuente no actúa por impulso ciego, sino que evalúa —con información limitada, pero evalúa— los costos, los riesgos y los beneficios esperados de cada curso de acción disponible. Leído desde ese marco, el paso de hurto oportunista a extorsión sistemática con cobro mensual no es una escalada de la violencia por sí misma, sino la evolución de un cálculo racional hacia un modelo de ingresos más rentable, más predecible y más estable en el tiempo. Y Diego Gambetta, en The Sicilian Mafia: The Business of Private Protection (1993), ofreció el marco teórico casi exacto para los «cupos»: la extorsión como venta de protección privada allí donde el Estado no la garantiza. Klaus von Lampe sistematizaría todo esto en Organized Crime (2016), en un continuo de «gobernanza ilegal» que va del desorden anárquico al gobierno criminal territorial —el recorrido que Trujillo hace, de punta a punta, en el relato de Nureña.

Una crítica al Estado que ya se había hecho

Las conclusiones del libro cuestionan una respuesta estatal centrada en más penas y más cárceles, sin atacar las condiciones que producen el crimen. Howard Becker, en Outsiders (1963), ya había mostrado cómo el sistema penal puede reforzar la identidad desviada en lugar de corregirla, y Alessandro Baratta, en Criminología crítica y crítica del Derecho Penal (1982), sostuvo que el sistema penal no es neutral: tiende a reproducir la misma desigualdad estructural que dice combatir. El cierre de Nureña podría estar tomado, casi literalmente, de esa tradición.

El paralelo más exacto

El paralelo más preciso, sin embargo, viene de la propia historia del estudio del crimen organizado. En Organized Crime in Chicago (1929), John Landesco sostuvo que los pandilleros de Chicago eran producto de condiciones sociales anteriores a la Ley Seca, y que el único cambio real con el tiempo fue que sus relaciones —y las relaciones entre el mundo criminal y el mundo legal— se volvieron más parecidas a un negocio y menos a un simple grupo de barrio. Es, casi palabra por palabra, el argumento de Nureña para Trujillo, noventa años después.

Lo que falta no es evidencia

El valor del trabajo de Nureña reside precisamente en su capacidad para aludir a teorías que han probado su consistencia en otros contextos históricos. El problema no es la falta de investigación —Thrasher, Landesco, Merton, Cohen, Hirschi, Gambetta y tantos otros ya la hicieron, en otras ciudades, con otros nombres, con el mismo patrón de fondo—. El problema es que seguimos reaccionando a la extorsión como si fuera un fenómeno nuevo, sin precedentes, que nos toma por sorpresa.

No nos falta evidencia. Lo que nos falta es leer.

Referencias

Agnew, R. (1992). Foundation for a general strain theory of crime and delinquency. Criminology, 30(1), 47-87.

Baratta, A. (1982). Criminología crítica y crítica del Derecho Penal. Siglo XXI.

Becker, H. (1963). Outsiders: Studies in the Sociology of Deviance. Free Press.

Clemmer, D. (1940). The Prison Community. Christopher Publishing House.

Cloward, R., & Ohlin, L. (1960). Delinquency and Opportunity: A Theory of Delinquent Gangs. Free Press.

Cohen, A. (1955). Delinquent Boys: The Culture of the Gang. Free Press.

Cohen, L., & Felson, M. (1979). Social change and crime rate trends: A routine activity approach. American Sociological Review, 44(4), 588-608.

Cornish, D., & Clarke, R. (1986). The Reasoning Criminal: Rational Choice Perspectives on Offending. Springer-Verlag.

Corso, S. (2026). Nota del editor: una genealogía que sigue escribiéndose. En J. Nureña, Esta bala lleva tu nombre. Del hurto a la extorsión en Trujillo, 1993-2014 (2ª ed.). Reino de Almagro / Punto Cardinal. [2026]

Gambetta, D. (1993). The Sicilian Mafia: The Business of Private Protection. Harvard University Press.

Hirschi, T. (1969). Causes of Delinquency. University of California Press.

Landesco, J. (1929). Organized Crime in Chicago. University of Chicago Press.

Merton, R. (1938). Social structure and anomie. American Sociological Review, 3(5), 672-682.

Nureña, J. (2018). Esta bala lleva tu nombre. Del hurto a la extorsión en Trujillo, 1993-2014.

Park, R., & Burgess, E. (1925). The City. University of Chicago Press.

Schelling, T. (1971). What is the business of organized crime? Journal of Public Law, 20, 71-84.

Shaw, C., & McKay, H. (1942). Juvenile Delinquency and Urban Areas. University of Chicago Press.

Sutherland, E. (1939). Principles of Criminology (3ª ed.). J. B. Lippincott.

Sykes, G., & Matza, D. (1957). Techniques of neutralization: A theory of delinquency. American Sociological Review, 22(6), 664-670.

Thrasher, F. (1926/1927). The Gang: A Study of 1,313 Gangs in Chicago. University of Chicago Press.

von Lampe, K. (2016). Organized Crime: Analyzing Illegal Activities, Criminal Structures, and Extra-legal Governance. SAGE.

Whyte, W. F. (1943). Street Corner Society: The Social Structure of an Italian Slum. University of Chicago Press.


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