Conversamos hace unas semanas con Carlos Cornejo Alayza sobre Reforma policial (aquí el video). Discutimos -entre otras cosas- que el debate actual sobre la seguridad ciudadana suele centrarse excesivamente en la figura policial, ignorando que esta opera dentro de una estructura mayor que hoy es disfuncional. Plantear una auténtica reforma no puede limitarse a «una cosa parchada» o medidas a medias; requiere una visión que reconozca las graves falencias internas, pero que entienda simultáneamente que la institución es solo un componente de un engranaje con severas limitaciones,.
A continuación, presentamos 5 ejes estratégicos para orientar una ruta de solución:
- El «Chasis» del Sistema: Cualquier intento de eficiencia operativa será estéril si no se interviene el ecosistema completo. Lograr una policía 100% eficiente es inútil si no se cuenta con fiscales capaces de investigar, un Poder Judicial que sancione y un sistema penitenciario que rehabilite o contenga. La situación actual es comparable a instalar un motor de primer nivel en un automóvil cuyo chasis es de pésima calidad; el sistema de justicia en su conjunto debe entrar en el radar de la reforma.
- Instrucción sobre Academia: El modelo educativo actual, que busca analogar la formación policial con la universitaria de 5 años (10 semestres), ha diluido la capacidad operativa. La evidencia internacional sugiere que las policías eficaces se forman en periodos de 18 a 24 meses de instrucción intensiva enfocada en la práctica: uso de armas, manejo de la tonfa, grilletes y desescalada de conflictos, habilidades que hoy se ven desplazadas por una carga teórica excesiva. No significa dejar la formación académica, pero si reforzar la instrucción para el servicio policial.
- Crisis de la «Última Milla»: La desconfianza ciudadana no nace únicamente de la corrupción, sino de la precariedad del servicio diario. El ciudadano percibe el abandono cuando acude a comisarías donde se cae el techo, los oficiales no tienen radios y deben usar sus celulares personales, o el denunciante debe llevar su propio papel bond. Esta falta de infraestructura básica —agravada porque solo el 5% de los locales policiales tiene saneamiento legal— destruye la legitimidad del servicio en el contacto directo con la población.
- Especialización vs. Todismo: La gestión de recursos humanos actual desincentiva la excelencia técnica. Que el personal tenga que rotar por diversas unidades para sumar puntos de ascenso, se desperdicia capital humano valioso; un experto en contraterrorismo termina asignado a labores administrativas o de comisaría, desperdiciando su especialización,. Esta incertidumbre y el cambio constante de reglas fomentan que el «padrinazgo» reemplace al mérito como único mecanismo seguro de ascenso.
- Repensar la Doctrina: Parte de la policía aún opera bajo una lógica heredada del conflicto armado interno, diseñada para la autoprotección ante ataques terroristas y cierta desconfianza (coches bomba), en lugar de la atención al ciudadano. Es imperativo transitar hacia protocolos que prioricen la velocidad de atención y la cercanía, pues llegar tarde implica que el crimen se altere o que la víctima fallezca.
Una policía eficiente incrustada en un sistema judicial colapsado es un esfuerzo técnico estéril. No sigamos parchando la institución; la evidencia exige transformar el ecosistema de seguridad completo.

