Implicancias de la captura de Nicolás Maduro: Dinámicas criminales y seguridad regional

La captura de Nicolás Maduro posee múltiples aristas; una de las más relevantes es la relativa a las dinámicas criminales en la región. Esto cobra especial importancia considerando que su detención se fundamenta en su presunto liderazgo del denominado Cártel de los Soles, un sistema criminal que involucraría a altos mandos militares en el tráfico de cocaína y otros mercados ilícitos en Venezuela.

El mismo día de la captura, planteamos algunas implicancias de este suceso, sobre las cuales diversos analistas han mostrado coincidencias —con matices—. A continuación, sintetizo los puntos que considero más relevantes para las dinámicas criminales y la agenda de seguridad regional, factores que, además, se encuentran estrechamente interrelacionados.

1. La redefinición de las rutas de la cocaína. El narcotráfico no terminó con la caída de Pablo Escobar ni con la captura de «El Chapo» Guzmán. Por el contrario, estos eventos evidenciaron transformaciones profundas en las redes criminales que operan en este mercado ilegal. ¿Qué sucederá con el Cártel de los Soles? Si la presencia estadounidense ya representaba un desafío para el flujo de la ruta atlántica mediante la intervención de embarcaciones, queda por ver si esta presión forzará cambios significativos en las rutas que atraviesan Brasil, Ecuador o Perú.

2. La emergencia de nuevos liderazgos en Venezuela. El narcotráfico y otros mercados ilegales persistirán mientras sigan siendo rentables; el vacío de poder siempre será ocupado por nuevos actores. Aunque algunos argumentan que los Rodríguez no poseían vínculos directos con el Cártel de los Soles, es imperativo vigilar las pugnas por el control de los espacios que quedarán vacantes en el futuro inmediato. Históricamente, la captura de mandos clave suele desencadenar una competencia violenta por la sucesión.

3. La diáspora de redes criminales operativas en Venezuela. Dependiendo de cómo se configure la presencia de las agencias de seguridad norteamericanas en territorio venezolano, podría producirse un desplazamiento de liderazgos criminales hacia zonas más «amistosas» para sus negocios. Para el ciudadano de a pie, esto implica un riesgo latente: el ingreso de nuevas redes y líderes en diversas zonas de la región que busquen asentarse utilizando estructuras ya articuladas. Esto también incrementa la posibilidad de disputas por plazas rentables en delitos como la extorsión, la trata de personas, la minería ilegal y el narcotráfico.

4. Dinámicas migratorias. Contrario a la creencia popular, resulta difícil prever un retorno inmediato de los venezolanos a su país. Muchos ya han construido proyectos en los paises donde viven, por ejemplo. Es altamente probable que el reacomodo sociopolítico dinamice, en cambio, una nueva ola migratoria. Según la intensidad de las tensiones internas entre actores políticos y grupos criminales, una espiral de violencia podría generar un movimiento migratorio significativo, creando el escenario de oportunidad perfecto para las redes de trata y tráfico de migrantes.

5. La “americanización” de la agenda de seguridad y su impacto electoral No solo el Perú se encuentra en un proceso electoral. Bolivia acaba de atravesar uno, y se avecinan comicios en Colombia, Costa Rica y Brasil. En todos estos países, la seguridad es un tema prioritario. El precedente de la intervención estadounidense en Venezuela ha sido celebrado por diversos candidatos —especialmente de sectores de derecha—. En el Perú, por ejemplo, ya se ha mencionado la intención de invitar a Estados Unidos para combatir el crimen organizado, mientras que el presidente Jerí ha mantenido reuniones con agencias norteamericanas. Es de esperar que, al giro punitivista y al populismo penal, se sume ahora la solicitud de cooperación directa con Washington durante las campañas.

Todo lo anterior influirá en los próximos meses en las configuraciones criminales de cada país mediante 1) El ingreso de nuevos actores criminales foráneos que generarán tensiones internas, 2) El refuerzo de la cooperación militar y policial transnacional.

El gran desafío reside en la gestión regional del problema. Aunque cada país enfrenta retos particulares, el fenómeno criminal es transfronterizo. Es urgente que los mecanismos de coordinación regional interpreten con precisión estas implicancias para anticipar una reconfiguración criminal que podría tornarse más violenta y generar mayores contingencias para nuestra seguridad colectiva.