Perú 2025: ¿un Hub del Crimen Organizado Transnacional?

La publicación del Índice Global de Crimen Organizado 2025 elaborado por Global Initiative against Transnational Organized Crime es una alerta sobre el tránsito que vive el Perú. Mientras la narrativa política se distrae en la superficie, los datos sugieren la expansión de sistemas criminales dinamizados por mercados ilegales muy eficientes y rentables. Perú ocupa hoy el puesto 31 a nivel mundial, pero su verdadera peligrosidad reside en su configuración interna. A continuación, analizamos los cinco pilares a partir de la publicación del índice:

  • La Dictadura de los Mercados ilegales. A diferencia de otros países de la región que operan principalmente como zonas de tránsito, Perú se ha consolidado como una factoría primaria. Poseemos puntajes extremos de 9.0 sobre 10 tanto en el comercio de cocaína como en delitos contra recursos no renovables (minería ilegal). Esta simbiosis es el corazón financiero de la violencia: el oro ilegal permite el lavado de activos a gran escala, mientras que las rutas del narcotráfico sirven para la expansión logística de la extracción ilícita en la Amazonía.
  • El Juez jugando para el sistema criminal. Con un puntaje de 8.0 en «Actores integrados en el Estado», Perú supera drásticamente el promedio global de 6.04. El crimen organizado ya no intenta infiltrar al Estado; es parte de su infraestructura operativa. Esto se traduce en una resiliencia crítica en «Liderazgo político y gobernanza» de apenas 2.50, una de las más bajas de Sudamérica, evidenciando que el poder político actual no es solo ineficaz, sino que se muestra integrado directa por estos sistemas criminales.
  • El Hub regional. Perú es hoy el punto de encuentro operativo para grupos como el Tren de Aragua, el Primer Comando de la Capital (PCC), disidencias de las FARC y cárteles mexicanos. Con una influencia de actores extranjeros de 6.50, el país ha dejado de enfrentar bandas locales para lidiar con una corporativización del crimen que subcontrata redes nacionales, elevando la sofisticación de la violencia y la capacidad de fuego.
  • Extorsión: El Impuesto Criminal al Desarrollo. Mientras la tendencia global de la extorsión muestra una ligera estabilización, en Perú se ha disparado (7.0). Este mercado ha dejado de ser un delito de oportunidad para convertirse en un mecanismo de control territorial sistemático. El uso del sicariato como herramienta de marketing del terror afecta hoy desde el pequeño comerciante hasta los grandes proyectos de transporte, paralizando el crecimiento económico real bajo un sistema de justicia paralizado.
  • La Falsa Resiliencia: Muletas Externas para un Cuerpo Quebrado. El promedio de resiliencia del Perú (4.46) es un espejismo sostenido por la cooperación internacional (6.00). Somos excelentes firmando tratados y colaborando con agencias internacionales, pero nos cuesta mucho traducir esa ayuda en políticas internas. La inestabilidad política y la corrupción interna actúan como un sumidero que devora cualquier recurso externo antes de que llegue a la seguridad ciudadana.

De acuerdo con el índice, el Perú está ante una encrucijada. No podemos seguir enfrentando un fenómeno de puntaje 9.0 con una política interna de 2.5. La solución además de mejorar las capacidades operativas, requiere un liderazgo político muy intenso y una estrategia de persecución penal que entienda que los mercados ilegales son distintas caras de una misma figura en un país bajo asedio.