Del Plan Bratton al Desafío Extorsivo

En julio de 2002, The Bratton Group LLC entregó a la Municipalidad de Lima un «Plan de Acción» que se convirtió en un referente del debate sobre seguridad. El diagnóstico fue que Lima era «vulnerable a un aumento continuo de la delincuencia», con el robo y la delincuencia juvenil como principales focos. Hoy, más de dos décadas después, mientras la extorsión y el crimen organizado redefinen la inseguridad, es crucial preguntar: ¿Siguen vigentes los principios de Bratton? Si bien su diagnóstico de «impunidad» es más relevante que nunca, sus soluciones deben evolucionar drásticamente.

El Plan Bratton 2002 se construyó sobre la amenaza del delito patrimonial. El informe identificaba las «altas tasas de robo» como el «precursor» de crímenes más violentos, como el homicidio. El enfoque estaba puesto en el crimen callejero, la delincuencia juvenil y los mercados locales de droga como focos de violencia. Sin embargo, la amenaza de hoy ha mutado. Como revela un estudio en curso de nuestro Instituto, el desafío principal ya no es solo el robo oportunista, sino el crimen predatorio organizado, con más de 15 modalidades de extorsión identificadas. Este fenómeno no es un simple precursor; es un sistema de control territorial y económico que requiere una respuesta de inteligencia, no solo de patrullaje.

El término más repetido que Bratton escuchó en Lima fue «impunidad». El informe describe una «cultura de la impunidad» tan profunda que paralizaba al sistema. Este diagnóstico sigue vigente, pero debemos entender su doble raíz, que el mismo informe de 2002 ya perfilaba. Primero, la desconfianza ciudadana: el miedo a las represalias y la falta de fe en el sistema generaban tasas de denuncia bajísimas (solo el 16% de víctimas de robo callejero denunciaba), volviendo «ciega» a la policía. Segundo, las brechas operativas: Bratton fue diplomático pero claro, señalando que la VII Región de la PNP «no cuenta con el personal suficiente» y padecía de un «insuficiente número de unidades y equipo». Hoy, frente a organizaciones criminales, estas dos brechas (la de confianza y la de capacidad) hacen que la impunidad sea un muro aún más alto.

La «reforma más importante» que propuso Bratton fue el Compstat (Estadística Comparada), un sistema de «administración policial basado en información» para asignar recursos y exigir responsabilidades. Esto se basaba en el análisis de patrones de incidencia. Hoy, eso no es suficiente. Es necesario evolucionar este principio. El Policiamiento Orientado a Problemas (POP) sigue siendo la base, pero debe complementarse con dos herramientas que el propio Bratton insinuó: (1) Urbanismo Táctico y CPTED (Bratton elogió los «éxitos en la recuperación de los espacios públicos» en el Cercado) y (2) Tecnología de punta (Bratton recomendó «Registros Electrónicos» y «fotografías digitales», adelantándose a su tiempo). Necesitamos análisis de datos (Big Data) e inteligencia financiera para desarticular redes, no solo mapas de calor de dónde ocurren los delitos.

Releer el Plan Bratton 2002 es importante. Demuestra que nuestros problemas estructurales de «impunidad», desconfianza y brechas operativas son crónicos. El principio de una policía guiada por la inteligencia (Compstat) es correcto, pero debe aplicarse a un fenómeno nuevo. La discusión pública, por tanto, no debe ser «Bratton sí o no», sino: ¿Cómo estamos usando la inteligencia estratégica, el urbanismo táctico y la tecnología para desarticular las +15 modalidades de extorsión que hoy amenazan a la ciudadanía?